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Más plazas áridas

MÁS PLAZAS ÁRIDAS

 

Entre las plazas de Zamora que han sido despojadas de sus jardines o árboles encontramos también estas:

  

Plaza de Fernández Duro.-

 

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Jardín lamentablemente eliminado en la última remodelación de la Plaza Fernández Duro. 

 

  

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Estado en el que ha quedado esta pequeña y céntrica plaza.

 

 

          Al pasar por esta plaza siempre recuerdo el jardín que hubo allí desde mi infancia, era modesto pero bonito, con sus rosales, palmeras y otros bellos arbustos que daban un poco de verdor y frescor a la soleada Santa Clara. En los años ochenta ya redujeron notablemente su superficie, mordiéndole los laterales en aras de la primacía de automóvil, para crear aparcamientos y una parada de taxis; Ahora, con la última remodelación hecha por el Ayuntamiento, lo han acabado de destrozar, eliminándolo sin piedad alguna. Sólo han dejado un alcorque grande -pero alcorque- que alberga el hermoso níspero como recuerdo de lo que aquello fue y un par de solitarias y larguiruchas palmeras. El monolito conmemorativo del ilustre historiador zamorano apenas se ve y para colmo ni siquiera se han gastado un sólo euro en reponer las letras de bronce que faltan en la dedicatoria.

          Como aportación han añadido unos arbolitos de esos que nunca veremos crecer (créanlo, comprueben como están ya los de la plaza de San Gil, los del cruce de San Torcuato, etc.), unas simplonas farolas minimalistas, unos bancos, que esta vez sí resultan adecuados y el omnipresente granito por solado, haciendo un dibujo de juego de damas. No tengo nada contra el granito, simplemente prefiero los jardines que había.

 

  

Plaza del Maestro.-

 

 

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 Uno de los feos y enormes alcorques que han dejado para mantener los abetos.

 

           ¡Cómo se pueden parecer tanto unas actuaciones a otras! Ésta parece calcada de la anterior: eliminación de jardines dejando cinco grandes alcorques, (tres de ellos con césped y dos como el de la foto) en los que han incorporado algunos árboles que si consiguen crecer, minimizarán el árido aspecto que le han dejado a esta plaza. El resto, más y más granito.

           ¿Quién o quienes han tomado la decisión de eliminar los pequeños jardines del centro de la ciudad? No conozco la respuesta, pero sí sé que han hecho una de las peores aportaciones a la ciudad de Zamora de los últimos 50 años con esta sistemática vulgarización de nuestras mejores plazas.

           No eran para deslumbrar a nadie los jardines que había ni tampoco la fuente con su escultura, pero lo lógico hubiese sido mejorarlos, no reducirlos a su mínima expresión.

          En el centro permanece la fuente con la escultura del maestro y que dicho sea de paso, nunca me pareció ni bien colocada ni bien resuelta. Para mí, este tipo de esculturas, de personajes populares, deben estar casi a nivel del suelo, más cerca de los suyos. Las alturas las veo más para otro tipo de personajes, ya saben.

          Aquí las farolas colocadas son clásicas, del modelo "Madrid" y los bancos al menos tienen respaldo, que algunos mayores agradecerán. 

  

 

 Plaza de Castilla y León.-  

 

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Un árbol seco, la moderna marquesina, farolas "cigüeña" y la aridez más absoluta.

 

 

          No quisiera repetirme... pero lo cierto es que no dejan otra opción. En esta plaza sí que recordamos todos, el jardín que había tan sólo hace unos meses.

          Antes de que el urbanista de turno se "inventara" esta plaza, allí había una iglesia-convento que durante años albergó el museo de la ciudad, que yo recuerdo perfectamente cuando lo visitaba en mi infancia y que nunca se debería haber derribado; En el solar que resultó de la demolición para construir la Delegación de Hacienda, instalaron unos modernos jardines elevados con sillería de piedra, con hermosas plantas, una fuente de agua, pequeña pero bonita y una escultura abstracta de bronce que aportaba arte y belleza al nuevo espacio. Después de todo, consiguieron un lugar agradable que invitaba al descanso.

         Lo que podemos ver hoy es un solitario y seco árbol de nueva aportación en el centro, otra solitaria palmera totalmente desubicada (como triste testigo de lo que había) y más y más granito; En los laterales unos árboles poco apropiados para nuestro clima cierran el desafortunado cuadro en que han convertido esta plaza. En uno de sus extremos, un parque infantil, que últimamente proliferan por todos los rincones, con un pavimento de goma de colores chillones, y una esquemática y alargada marquesina.

        La idea de cerrar la plaza con la marquesina me parece acertada, trata de redefinir la calle de Santa Clara que lo estaba pidiendo a gritos; Lo que no veo tan adecuado es su diseño y los materiales utilizados (acero galvanizado y madera).

        Las farolas "espectáculo" instaladas nos muestran otro modelo de catálogo más, de los que nos están colocando con tan mal gusto por el casco antiguo, en base a una modernidad mal entendida.

       Si el espíritu de muchas plazas y calles se han ido cambiando por los inapropiados edificios construidos, sobre todo a partir de los años 70, ahora que teníamos la oportunidad de aportar un urbanismo ambiental más acorde con la época de esos espacios, con este tipo de urbanizaciones están contribuyendo aún más, a su completa desaparición: Si no fuera por el edificio que vemos al fondo de la última fotografía, ¿quién diría que nos encontramos dentro del segundo recinto amurallado de la ciudad?

      Pues lo mismo podríamos decir de casi todas las plazas recientemente remodeladas: la Constitución, Santa Eulalia, Cuartel Viejo, Sagasta, Santiago, etc. Ahora esperemos a ver el resultado de la plaza del Seminario, que no es difícil imaginar.

 

 

                                              Septiembre 2009

 

 

      Tras el reciente fallecimiento de nuestro gran escritor castellano, Miguel Delibes, me puse a leer su primera novela “La sombra del ciprés es alargada”, publicada en 1948 y galardonada con el premio Nadal. Y cual fue mi sorpresa al ver como ya en aquellos años cuarenta, el señor Delibes nos hacía ver a través de su personaje, su malestar por ese afán del hombre por cambiarlo todo en aras de una mal entendida "civilización".

       Permitidme que os transcriba esos párrafos en los que el principal personaje de la novela, Pedro, al llegar a una pequeña plaza de Ávila después de algún tiempo y ver los cambios que le habían hecho, reflexionaba así:

 

      “Al desembocar en ésta me detuve escéptico. Alguien había absorbido a aquella placita rectangular de tan viejo sabor gran parte de sus esencias tradicionales. ¿Dónde estaban los centenarios y copudos álamos, la arcaica fuente, el elemental pretil que de siempre bordeara la prominente meseta central? El hombre había pasado por allí con su piqueta demoledora. Había por lo visto que buscar una rima con la voz “civilización” para versificar aquella placita recoleta, y no se encontró otro mejor que la de “destrucción”. Nada importaba que el rincón se viese privado de su íntima substancia si a cambio se lograba entreverarlo en el siglo sin que nadie advirtiese el disimulado remiendo. Pero no se fijaron que para matar del todo la presencia arcaica de aquel pedazo de mundo hubiera sido preciso arrasarlo sin dejar una piedra montada sobre otra, demolerlo íntegro a golpe de piqueta y sembrarlo posteriormente de sal, por si aún se le ocurría al viejo espíritu, que de fijo alustraría entre aquellas piedras amarillas, salir a la luz y predicar un día a la posteridad la tala infame. No; Todavía respiraba la Historia en aquel apacible rincón. Respiraba a pesar de los golpes de muerte que le habían asestado, por encima de la absorbente civilización…”

 

 

                                              Junio 2010

 

Comentarios

Tienes razón. Entre todos tenemos que intentar cambiar tanto despropósito como se esta cometiendo en Zamora en base a no se qué... Me alegro de que te guste el blog, espero que algún día sirva para algo. También veré el tuyo.

Me imagino que la estupenda idea venga de lo moderno que parece el decir que se hace para ahorrar agua, porque eso es seguro agua se ahorra, lo único, también es muy in el tener bonitos jardines para que purifiquen el aire pero eso cuesta, hay que cuidarlo y atenderno, estos "bonitos" jardines tan ecológicos solo hay que barrerlos. ¿No sería mejor poner plantas autóctonas de nuestros bosques que no hay que regarlos y están de sobra adaptados a nuestro clima? Gracias, bonito blog. Si el motivo de disminuir el tamaño de los jardines es el ahorro (que puede ser) no sería también un ahorro el vigilar el desperdicio de agua, que supone en toda la que se tira al alcantarillado cuando riegan y están los aspersores dirigidos más a la acera que al césped, me gustaría que los dirigentes de esta ciudad se dieran un paseo por la mañana en los alrededores del centro comercial Vista alegre, llega el agua hasta la gasolinera que tiene el mismo nombre, es una pena ver correr el agua cuesta abajo. No hubiera sido mejor poner brezo, romero, lavanda ... o cualquier otra planta que no necesite ser regada ... en fin cabecitas pensantes.

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