Grafiti dedicado a Claudio Rodríguez

Escrito por zamoraenverde 05-12-2013 en Grafitis. Comentarios (0)

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Grafiti en el mirador del Troncoso, dedicado a Claudio Rodríguez recién pintado 


    Cuando me encontré con el grafiti dedicado a nuestro memorable poeta Claudio Rodríguez en el Mirador del Troncoso, confieso que me llevé una gran decepción, difícil para mí de expresarla con las palabras más adecuadas; Por eso, al leer hoy en el diario La Opinión de Zamora, el artículo que dedica a dicho mural con el título “Al grafitero anónimo”, mi buen amigo José Ignacio Primo, he decidido -con su permiso- copiarlo tal cual, porque se puede decir más alto pero no mejor:

      AL GRAFITERO ANÓNIMO (José Ignacio Primo)

     "Unos amigos han visitado Zamora y, como es lógico, hemos paseado por el casco histórico, ese remanso de paz que nos invita a la meditación y al recogimiento, a penetrar en la frustrante historia de una ciudad decrépita, pero aún sumida en el misterio de un futuro incierto, envuelto en el eco de aquel reto que sigue pesando como una losa sobre la ciudad. Solo nos queda la mirada, «contemplad su figura» decía Lorca ante el cuerpo inerte de su amigo. Es la desolación de la ciudad, la ausencia de vida, la soledad convertida en lamento. Es nuestra ciudad, que en palabras de Antonio Machado ¿espera, duerme o sueña? Pero sin duda también nos induce a la reflexión, al pensamiento y sobre todo, a la mirad.

      Claudio Rodríguez con su mirada fue un fino observador de la realidad zamorana. En sus huidas por la ciudad buscaba la soledad compartida, porque nunca dejó de sentirse miembro de la colectividad, ser uno más, integrarse en los demás, pero su mirada iba más lejos, poseía una extraña sensibilidad que marcaba la distancia y le hacía entrar en conflicto consigo mismo empujándolo hacia la soledad de su ciudad, la ciudad que acoge y acusa, donde no siempre encontró cobijo. La mirada es contemplación, algo mucho más complejo que soñar, que como el poeta repetía, es más sencillo. En su poema «La contemplación viva» del libro «El vuelo de la celebración» nos recuerda la mirada inocente, desprendida, cargada de entrega y emoción. Y generosa. «(...) Cuando todo se vaya, cuando yo me haya ido,/ quedará esta mirada/ que pidió, y dio, sin tiempo». Cabe más generosidad. Qué hermosa mirada la del poeta Claudio Rodríguez. Alguna vez su ciudad del alma se dará cuenta de lo que significa para ella. Cuándo nuestras autoridades van a salir de la miopía a la que nos tienen acostumbrados.

      En el paseo por el casco histórico, al llegar al mirador del Troncoso, algo impactó en nosotros, se trataba de un mural que pretende evocar la mirada de Claudio. Quiero desde aquí salvar la intervención del grafitero anónimo, al que va dirigido este artículo, porque no creo que sea el responsable de esta actuación tan poco acertada. Tenemos en nuestra historia un poeta mayor que vivió y sufrió en una ciudad canija, raquítica y, en ocasiones, miserable, que, envuelta en sus harapos, «desprecia cuanto ignora», rememorando de nuevo a Machado. Ese quizá sea el origen de nuestros males, el ser consentidores de todo, el no reivindicar lo que nos están quitando, el confundir lo básico y elemental con lo vulgar, el no saber escuchar la palabra de un poeta sencillo, entregado a la ciudad y sus gentes sin pedir nada a cambio. Cuánto me hubiera gustado que el mural recogiera algo de esto, de su verdad, que es la verdad de su poesía. A lo mejor es más sencillo de lo que parece, que con un solo verso se pudiera pintar esa mirada inocente, evocadora, que el mural nos oculta”.a.

      Claudio Rodríguez con su mirada fue un fino observador de la realidad zamorana. En sus huidas por la ciudad buscaba la soledad compartida, porque nunca dejó de sentirse miembro de la colectividad, ser uno más, integrarse en los demás, pero su mirada iba más lejos, poseía una extraña sensibilidad que marcaba la distancia y le hacía entrar en conflicto consigo mismo empujándolo hacia la soledad de su ciudad, la ciudad que acoge y acusa, donde no siempre encontró cobijo. La mirada es contemplación, algo mucho más complejo que soñar, que como el poeta repetía, es más sencillo. En su poema «La contemplación viva» del libro «El vuelo de la celebración» nos recuerda la mirada inocente, desprendida, cargada de entrega y emoción. Y generosa. «(...) Cuando todo se vaya, cuando yo me haya ido,/ quedará esta mirada/ que pidió, y dio, sin tiempo». Cabe más generosidad. Qué hermosa mirada la del poeta Claudio Rodríguez. Alguna vez su ciudad del alma se dará cuenta de lo que significa para ella. Cuándo nuestras autoridades van a salir de la miopía a la que nos tienen acostumbrados.

      En el paseo por el casco histórico, al llegar al mirador del Troncoso, algo impactó en nosotros, se trataba de un mural que pretende evocar la mirada de Claudio. Quiero desde aquí salvar la intervención del grafitero anónimo, al que va dirigido este artículo, porque no creo que sea el responsable de esta actuación tan poco acertada. Tenemos en nuestra historia un poeta mayor que vivió y sufrió en una ciudad canija, raquítica y, en ocasiones, miserable, que, envuelta en sus harapos, «desprecia cuanto ignora», rememorando de nuevo a Machado. Ese quizá sea el origen de nuestros males, el ser consentidores de todo, el no reivindicar lo que nos están quitando, el confundir lo básico y elemental con lo vulgar, el no saber escuchar la palabra de un poeta sencillo, entregado a la ciudad y sus gentes sin pedir nada a cambio. Cuánto me hubiera gustado que el mural recogiera algo de esto, de su verdad, que es la verdad de su poesía. A lo mejor es más sencillo de lo que parece, que con un solo verso se pudiera pintar esa mirada inocente, evocadora, que el mural nos oculta”.


Vista más completa del grafiti.

      Ya he comentado en otras ocasiones, que soy partidario de utilizar las tapias y las medianerías para que los artistas urbanos realicen sus grafitis (o arte mural callejero), con el fin de mejorar la imagen de la ciudad. Pero precisamente, y sin poner en duda la buena voluntad de quien lo haya promovido, ni Claudio Rodríguez  -el mejor poeta que ha tenido Zamora en toda su historia- ni el lugar, en pleno casco histórico, se merecen esto.


                                                   Diciembre 2013